¿Realmente medimos bien cuánto crece la economía?

por BBC Mundo.

¿Cómo sabemos si una economía anda bien?

La herramienta más usada por una larga legión de economistas, políticos, medios e instituciones es el Producto Interno Bruto (PIB).

Es prácticamente imposible leer una nota, documento o estudio económico que no incluya como elemento central el PIB.

Según Francois Lequiller, autor de «Comprendiendo las cuentas nacionales», y asesor del departamento de Estadísticas de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo), es un concepto al mismo tiempo útil y limitado.

«El PIB mide la producción total como queda explícito en el término Producto. Esto significa cuantificar todos los bienes y servicios que produce una sociedad en un período determinado. Es un instrumento importante, pero no la palabra definitiva y final sobre una economía», señaló a BBC Mundo.

PIB de un almuerzo

El PIB ha sido comparado con la cuenta de un almuerzo.

Como ejemplo, imaginen que en la cuenta figura que la mesa 14 con tres comensales pagó US$200 y consumió una entrada, un pollo y un pescado con ensalada y patatas fritas, un postre, dos cafés, vino y agua, pero no dice que uno de los comensales consumió en cada una de las paradas, otro apenas probó el pollo, el café y el vino mientras que el tercero se dedicó a mirar a los otros dos y picar lo que podía del pan de la casa.

Pero si además se quisiera hacer un ranking del PIB del restaurante, se puede llegar a la conclusión de que otra mesa, la 15, comió mucho mejor que la 14 porque gastó más, obviando el hecho crucial que en ésta otra había 50 comensales.

A principios de 2012, un ranking anunciaba que Brasil había superado al Reino Unido como sexta economía mundial, nueva prueba según los analistas, del nuevo equilibrio mundial entre países desarrollados y en desarrollo.

Casi nadie mencionó que la población del país sudamericano era más de tres veces mayor que la del europeo.

Ponderando el PIB

Las limitaciones del dato bruto del PIB obliga a los economistas a ponderarlo continuamente con otros datos como población o productividad o distribución de ingreso, todos indicadores fundamentales no solo para evaluar una nación sino también para compararla con otras.

Con casi 1.400 millones de personas, China tiene una masa productora y consumidora de bienes y servicios que aumenta por su propio peso el PIB, pero para que la comparación con un país con 80 millones de habitantes como Alemania tenga sentido es necesario incorporar el PIB per cápita.

Un crítico del uso excesivo del PIB para evaluar la salud de una política económica, Juan Valerdi, economista de la Universidad de la Plata, en Argentina, señala que el indicador nos puede dar una aproximación a ciertos aspectos.

«El PIB busca precisar el nivel de bienestar material de una sociedad, pero también da una idea del poder de fuego de una nación no solo como mercado productor sino de consumidores. Cuando se dice que Brasil tiene tanto PIB se está diciendo que es un país de casi 200 millones de personas que están consumiendo tantos servicios. Lo mismo con China o India», indicó a BBC mundo.

¿Cómo se mide?

Aún con estas limitaciones, el PIB es una medición colosal que incluye toda la producción fabril y de servicios (comercio, finanzas, servicios profesionales y domésticos, etc.), así como la inversión estatal en sectores como salud o educación, mucho más difícil de ponderar en un número exacto.

En un país como Francia con una población de más de 65 millones de personas implica la sumatoria de los datos del sector privado – unas dos millones y medio de firmas – y del sector público – unas 120 mil entidades.

¿De dónde sale la información para medir algo tan descomunal?

«Una de las fuentes principales, pero no la única, son las declaraciones impositivas. Si a esto se le suman las cuentas del sector público, estadísticas empresarias, información del sistema financiero, encuestas y otras fuentes, junto a un sistema estadístico eficiente, podemos tener una idea clara de lo que produce el 90% de la economía», señala Lequiller.

En Francia la tarea de consolidar el dato en un número final uniendo estas diversas fuentes de información la realiza el Departamento de Medición del PIB que cuenta con unos 180 empleados.

Según Nicholas Oulton, del Centre for Economic Performance de la London School of Economics, el cálculo del PIB es lo suficientemente abarcador y sofisticado como para incluir elementos no registrados oficialmente como la evasión fiscal o el trabajo en negro.

«El PIB se construye con estimaciones del gasto y el ingreso total. El gasto es, por definición, igual al ingreso total. Si hay más consumo que ingreso que no se justifique a través del crédito, tenemos un arma para calcular la evasión fiscal», señaló a BBC Mundo.

Midiendo catástrofes

La desproporcionada ambición del PIB (¡medir toda la economía que producen millones de personas!) y sus indudables límites no han evitado que en la vulgata mediática económica el crecimiento del PIB sea siempre presentado como una buena noticia a pesar de que esta medición es una cuantificación pura que no dice mucho sobre la calidad del crecimiento económico.

«Una tragedia ecológica como un tsunami puede tener un impacto positivo porque la actividad económica de reconstrucción que sigue a una catástrofe produce un aumento del PIB», señala Lequiller.

Una ola de robos puede hacer crecer el sector de seguridad de una economía con el consiguiente aumento de la producción de alarmas y Cámaras de Circuito Cerrado y un incremento en el empleo por la contratación de personal de seguridad, pero nadie considera que haya que alentar estas actividades para mejorar la marcha de la economía.

Abundan las correcciones metodológicas para medir lo que realmente produce una economía en un determinado período.

Desde el punto de vista económico todo servicio (cuidado de niños, cortar el pelo, etc.) debería formar parte del PIB, pero por convención este no se cuenta cuando lo hace la familia misma y no existe pago concreto (a diferencia de si lo hace una niñera o uno va a una peluquería).

La economía ilegal presenta otro reto. El año pasado al Unión Europea (UE) decidió incluir en el PIB las transacciones económicas de la prostitución y el tráfico de drogas.

La estimación fue que en Italia la «economía criminal» constituía casi un 11% del PIB, en España lo aumentaba entre un 2,7 y un 4,5% y en Portugal un 0,4%.

Sobre fetiches

Estas «peculiaridades» del PIB han llevado a que una comisión nombrada por el gobierno francés, con el Premio Nobel Joseph Stiglitz a la cabeza, señalara en un documento en septiembre pasado que era indispensable abandonar «el fetichismo del PIB» para tomar decisiones de política económica.

No es la primera iniciativa al respecto. Los indicadores de Human Development de Naciones Unidos o las Medidas del Progreso en Australia o el índice «Better life» de la OECD procuran incluir diferentes indicadores – salud, educación, medio ambiente, vivienda y delincuencia – a la medición de una economía.

En este sentido cabría preguntarse si el PIB – y cómo se lo usa políticamente y en el debate público – ayuda a evaluar la marcha real de un programa económico.

La interpretación de los economistas varía bastante.

«Con más PIB hay más empleo, indicador fundamental del bienestar. Al mismo tiempo es necesario combinar este indicador con otros para evaluar la marcha de una economía. Hay un inconveniente metodológico. Indicadores como salud, educación, vivienda, etc. son más difíciles de cuantificar y consolidar en un solo número. De ahí la fascinación de mucha gente con el PIB», asegura Francois Lequiller, de la OECD.

Mientras que Juan Valerdi, de la Universidad de la Plata asegura: «Como está usado hoy, el PIB refuerza la idea de que cuanto más bienes y servicios más bienestar o felicidad y mejor es una política económica. Esto es una distorsión que lleva a muchos errores. La cantidad de horas trabajadas de una economía aumenta el PIB, pero puede desequilibrar por completo el equilibrio trabajo-ocio, fundamental para un ser humano. Otro ejemplo, se toma el dato bruto, pero raramente se lo pondera con el coeficiente Gini para saber cómo está distribuido, con lo cual no se dice mucho sobre el bienestar individual».

Y entre tanto, Nicholas Oulton de la London School of Economics lo interpreta así: «Aunque el PIB no es la medida del bienestar humano, es un componente de este bienestar. El volumen total de bienes y servicios a los que tiene acceso una persona claramente contribuye a su bienestar. Si se correlaciona el PIB con indicadores como la mortalidad o la expectativa de vida, se ve que el nivel del PIB tiene un impacto positivo en estos dos indicadores fundamentales».

http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2015/01/150114_economia_como_medir_pib_finde_mj

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